domingo, 17 de enero de 2010

Cap. 2

Entro en la casa. El mismo ruido de siempre. Ninguno. La llamo. No contesta. Lo llamo. Tampoco. Trabajan, duermen o lloran en cualquier rincón de la casa. Me siento mal al pensar eso, todos están sufriendo por mi culpa. Han pasado las peores navidades gracias a mi. Justo el día antes de nochebuena, en el médico.

-Katy, ¿cómo te encuentras?- El médico me miracon cara de pena. Está serio. Sus labios se mueven despacio, tranquilos y sus ojos no miran otra cosa que no sea yo. Me pone nerviosa que me mire.
-Bien.- Mi madre me coge de la mano. Entrelazo mis dedos con los suyos. Eso me tranquiliza. La miro, le sonrio. Sonrie nerviosa y vuelve a mirar al médico.
-Hemos hecho pruebas más definitivas, han tardado un poco, pero ya están aquí.- Por un momento creo ver que su labio inferior tiembla. No. Me lo he imaginado.- Tienes una enfermedad que con tratamiento se puede curar.- Agacha la cabeza. No entiendo que pasa. Me inquieto. Me muevo en la silla intentándo acomodarme, pero es imposible.- Tienes leucemia.- Si. Ella si tiembla. La miro. Lo miro.- Cáncer en la médula osea.- Suelto la mano de mi madre brúscamente. Me hacía daño. Cáncer. Cáncer. Cáncer.- Pero...está muy avanzado. No se puede hacer nada. Lo siento.

Mi corazón empieza a dar golpes muy fuertes contra mi pecho. No va rápido ni lento, pero está furioso. Me dá contra el pecho. Me hace daño. Parece que me están perforando la cabeza. Cáncer.

-¿Cuánto?.- Consigo decir
-Nueve meses, posiblemente un poco menos.

Apoyo la espalda en la silla. Miro hacia la izquierda para no ver a mi madre. Grita. Hay un armario blanco con muchos medicamentos. Buena idea. El suicidio. ¡Mierda! Está cerrado con llave. Llora. Niega con la cabeza mirando al médico. Me levanto y cojo el bolso. Salgo al pasillo del hospital. Aún escucho los gritos de mi madre. Salgo fuera. Ya no nieva. Ando hacia cualquier lugar. Ahí. Un parque donde tantas tardes me he sentado con mis amigas para no hacer nada. No hay nadie. Me siento frente a nuestro banco. No quiero sentarme en ese. Quiero que ese banco sea el de los buenos momentos y si no es para pasar un buen momento, no me sentaré en él. Miro al cielo. Nubes grises. Aún va a nevar más. Y de repente noto a esa indeseable que va seguida de más. Odio como camina despacio, como disfruta de su paseo con esos andares rectos. Sabe donde quiere llegar. Todas saben donde quieren llegar. Recorren el camino de mis mejillas. Primero salen lentas desde mis ojos y luego rápido hasta perderse en mis labios o caer de mi barbilla encima del abrigo. Lágrimas. Las noto. Me derrumbo

-¿Mamá?- Pregunto al aire. No está en la cocina, ni en el salón. Primer piso. Ni en las habitaciones. Tampoco en el despacho.

Entro en mi habitación y me tiro sobre la cama. Miro las estrellas que hay pegadas en el techo. Alzo la mano como si las estuviera tocando. Imposible. Oigo sus voces.

-¿Katy?- No contesto. Abre la puerta.- Estás aquí

Si, estoy aquí, me gustaría decirle, pero no sé por cuanto. Prefiero no decirle nada. Mi hermana. Tranquila, amable, agraciada. Anna. Sincera, estudiosa, tímida. No le digo nada. Se sienta sobre la cama silenciosa. Me pongo recta y flexiono las rodillas apoyando la cabeza sobre ellas. Está mirando algo. Sí. Sus ojos azules están mirando la foto que hay sobre el escritorio. Ella y yo. Felices, sin problemas, sonrientes. Una foto de este mismo verano.

-Mamá no está. Comeremos los tres solos.- Se levanta. Antes de llegar a la puerta se da la vuelta y me mira.- Te esperamos abajo.- Asiento. Cierra con cuidado.

Anna, siempre tan delicada. Mientras me levanto pienso en cada uno de ellos. Anna se ha encerrado en su mundo de estudios, no sale, no ve la televisión, ni si quiera mira el ordenador. Solo estudia. Diego sale, entra, nadie le dice nada, ni le ponen pegas sobre la hora en la que llega. Se está empezando ha meter en malos royos. Tendré que hablar con él. Suspiro. Papá no sale de su oficina. Casi no lo veo y mamá...mamá llora por todos los rincones de la casa.

Bajo las escaleras y llego hasta la cocina. Me siento enfrente de mi hermano que me sonrie. Le sonrio. Está más delgado, tiene ojeras y sus ojos están rojos. ¿Solo es falta de sueño? Tortilla de patatas. Mamá sabe mis gustos.

-¿Dónde está?
-Con la tita, han ido a comprar.
-Bien.- Mi hermana también está mas delgada y algo pálida ¿una vampira? Aún me queda sentido del humor. Le falta un poco de sal. No digo nada.
-Katy ¿tienes mi mp4?
-No, se lo dejé a Anna.- Ella asiente. Mis hermanos se miran por un instante y siguen comiendo. En silencio.

Por un momento imagino tener el mp4 de mi hermano enchufado. Imagino ser la chica de aquella historia que leí. Historia de Sumers. Ash tirada en su cama con los auriculares puestos y la música tan fuerte que no puede pensar. Termino de comer y recojo el plato. Lo meto en el lavavajillas.

-Iré a dar una vuelta.- Salgo de la cocina. Antes de salir a la calle compruebo que llevo las llaves y el móvil. Cierro la puerta. Mientras ando calle a abajo llega a mi el recuerdo de aquel chico nuevo. Pablo. Habrá "flipado" un poco. Cuando me ha preguntado no le he dicho que era yo. Ni si quiera lo he mirado cuando he salido de la clase. Respiro profundamente y suelto el aire. Qué bien me he sentido esta mañana. Están allí. Las veo. Van por la misma acera que yo. ¿No teníais otro sitio por donde ir? Se dan cuenta. Sigo andando, no me paro. Ellas si. No saben que hacer. Se miran unas a otras. Paso por su lado sin mirarlas. No dicen nada. Yo tampoco. Ellas. Mis amigas, las mismas que me han dejado tirada cuando más las necesitaba. Una punzada. Me dan ganas de darme la vuelta y gritarles, pero decido seguir andando y perderme por las calles. Otra punzada. Cuando no sabíamos que hacer andábamos por las calles e intentábamos perdernos. Nunca lo conseguíamos. Miro hacia atrás. Ya no están.

-¿Que tienes qué?- Lucía
-¿Leucemia?- Marta.
-Es imposible Katy.- Ángela.
-¿No se puede hacer nada?.- Patricia.

Fueron unas de las últimas palabras que escuché de ellas. Después de eso, zas, desaparecieron como por arte de magia.

Lo había conseguido. Por pensar en ellas había conseguido perderme y no saber ni donde estaba. Sonreí. Luego me puse seria. No había nadie con quien celebrarlo. Estaba sola y la calle como no...en silencio.

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