domingo, 17 de enero de 2010

Cap. 5

Llegué al instituto antes de lo normal. Quería subir a lo más alto. Fui por la escalera de emergencia y abrí aquella puerta oxidada.
-Precioso.- La cámara se mueve por culpa del frío. Aparece el flash y durante 5 segundos se queda grabada esa imagen. Ahora se ven mis pies.

Desde allí arriba puedo ver los pisos de alrededor. Un escalofrío. Miro al horizonte, tan lejano. Como eso, como los nueve meses. Aún están lejanos, Katy. Sonrio y mientras vuelvo a cerrar la puerta me froto las manos. Bajo con cuidado para que el coserje no me escuche. Llego a la segunda planta y me quedo parada en la puerta de la clase. Otra vez aparece el flash y la imagen queda cinco segundos. Mi clase. Respiro hondo. Ando hacia la mesa y me siento encima. Oigo sus pasos. Sé que es él. Sus andares que tanto me molestan, sus brazos que se balancean casi sin movilidad. Lo miro por un instante y vuelvo la cabeza a la camara. Paso fotos. Se sienta a mi lado y no dice nada. Su perfume aunque mezclado con la olor del tabaco, inunda todo mi alrededor. Tomo aire. Suspiro. Lo miro para ver si se ha notado demasiado. Él solo mira el suelo. Un piti ahora sería perfecto. Veo las fotos que todavía no he pasado al ordenador. Mis amigas y yo en el parque, en clase, en mi casa, en casa de Patri o esa noche que cenamos es especie de pizza en casa de Lucía.

-Lo siento.- Se levanta y se sienta en la silla. Miro a la pared de enfrente intentando encontrar palabras que expresen lo que siento, por que aunque me duela decirlo, o simplemente pensarlo, comprendo que dijera eso.
-No pasa nada.- ¿Qué mas puedo decirle?
-Si, si que pasa. Lo que menos necesitas ahora es que te recuerden cada segundo que dentro de nuev...- Se calla.- Que te recuerden "eso".
-No importa, nueve meses.- Trago saliva.- Lo que me pasó ayer fue la forma en la que lo dijiste. ¡Maldita sea! ¿En qué estabas pensando?
-No lo sé.
-Hacemos un trato.- Vuelvo la cabeza hacia él. Está serio y tiene las manos cruzadas, apoyadas encima de la mesa.- En el recreo me invitas a un piti.
-Hecho.- Sonrie. Aunque tenga algunas cicatrices, por alguna pelea, caidas con la moto, o quien sabe qué, su sonrisa es perfecta. Dientes blancos y alineados, algo raro para alguien que seguramente fuma diariamente.

Las tres primeras clases fueron pasando entre profesores amargados, cansados, con falta de sueño, insoportables, poco amables a esas horas... Bueno ya me comprendeis perfectamente y sabeis como es un profesor a las ocho de la mañana de cualquier día. Sus miradas mientras escribo, sus roces en mi mano cuando le pasaba la goma o simples sonrisas cuando volvían a mi las dos palabras, causaban un efecto tranquilizador y alentador en mi. ¿Pero que estás haciendo Katy? Me he preguntado a segunda hora, tras simular escuchar al profesor de filosfía y notar durante diez minutos su mirada posada en mi. Mirando cada imperfección, cada gesto, cada suspiro. Entonces lo he mirado y le he preguntado si necesitaba algo, a lo cual me a respondido con un "no" tras una sonrisa. Perfecta.

-¿Y el piti?
-Es cierto, vamos.- Cojo mi cartera y la cuelgo en el hombro. Salgo al pasillo y vuelvo a notar esas miradas. ¿No se cansarán nunca? Y las veo a Ellas. Pero las Ellas enemigas, no las Ellas amigas. "Amigas". Eran esas chicas indeseables pero perfectas que todo el mundo quería tener o como amigas o como novias. Siempre se reían de nosotras y nos ponían en ridículo. Ahora ni si quiera se atreven ha hacer un mal gesto a "esta pobre moribunda". Les sonrio. Bajan la mirada todas menos ella, menos Helena. Me mantiene la mirada. Intrusa en todo, mal educada, creida y sinceramente ridícula. Sé todo de su vida, pero no quiero joderla como solía hacer ella. No, ahora no. Hay personas que a causa de saber cuanto les quedan de vida, piensan en molestar, joder, o ridiculizar a esos que lo han hecho con ellos, pero yo no voy a ser de esa clase de personas.

-Sírvete tú misma.- Me tiende un paquete de Marlboro.
-Gracias.- Cojo uno. Le sonrio y le cojo el paquete. Es algo que siempre hago, que me hace reir. Me mira extrañado. Cojo otro y le doy la vuelta mientras pido un deseo.- Este que está de alrevés será el último que te fumarás y así el deseo que he pedido por ti se te cumplirá.
-¿Que frikada no?
-¡NO! Eso es sagrado hacerlo cuando empiezas un paquete.- Me sonrie. Le doy una calada y hecho el humo. La cabeza se me queda como vacía y siento esa sensación de mareo y de estar en una nube. Poco a poco me apoyo en la verja y me siento en el muro. Mira para todos lados y de repente sonrie y me mira a mi.¿Qué pensará?
-Estaba pensando...- ¡Já!- ¿Que deseo has pedido?
-Si alguna vez, en este tiempo se cumple, te lo diré.
-Eso quiere decir que también es contigo.- Levanta las cejas.
-Eso quiere decir que te lo diré en su momento.- Tiro la colilla al suelo y la pisoteo hasta que se apaga. Otra costumbre tonta.
-¡Pero si ya está apagado, deja de darle patadas!
-Piti mal apagado...polvo mal hechado.- ¡Ups! Me sonrojo. No tenía que haber dicho eso. ¡Que verguenza!
-Jajaja... es es buena.- Me tranquilizo. A lo lejos veo llegarlas a ellas. Seguro han ido a casa de Marta, como solíamos hacer todos los recreos. Se acercan.- ¿Son tus amigas?
-Ex amigas.
-Am- Las mira, igual que hago yo, mientras entran por la puerta y casi ni me miran.- ¿Por "eso"?
-Si, pero es una larga historia.- Se mira el reloj.
-Tenemos veinte minutos aún.- Se sienta a mi lado y se pega a mi. Se pega mucho a mi. Su hombro y el mio se están tocando. ¡No Katy! ¡Maldita sea! ¡No le hagas sufrir!

Mientras le cuento toda la historia detallada, me mira a los ojos y de vez en cuando a los labios. Me desconcierta que haga eso y aún más que se muerda su labio inferior. Andamos por el pasillo dirección a la siguiente clase. Solo espero que el deseo se te haga realidad. Me sonrie. Perfecta sonrisa.

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