lunes, 18 de enero de 2010

Cap. 6

"No vivimos nunca, sino que esperamos vivir;
y disponiéndonos siempre a ser felices,
es inevitable que no lo seamos nunca."
Blaise Pascal

Y así mis días pasaban. Sus miradas me seguían poniendo nerviosa y esa manera de hablarme era cada vez más tranquilizadora. Como si no quedaran unos cuantos meses para que se acabara todo de golpe. Sus risas contagiosas y aquella broma que hizo de poner todos los cigarros de al revés me hacían sonreir y llorar de la risa. Increibles esas clases jugando al tres en raya y excitantes las tardes corriendo por el parque para que dejara de hecharme fotos.
Lo miro. Está en el otro extremo del banco. Mira las fotos y de vez en cuando sonríe. Ahora ya sé por qué tiene esas dos cicatrices y de donde ha sacado esos ojos tan verdes. Miro la hora. 17:45. ¿Qué importa la hora? Sonrio mirando al cielo. Vuelve a nevar. Click. Un flahs. Una foto. Un recuerdo.

-¡Hey! ¿Qué haces?
-Te he hecho una foto.
-Enseñamela.
-No.
-¿Por qué?
-Quiero que solo seas mía.- Un escalofrío.- Quiero decir, que quiero que esta foto sea solo mía.
-De acuerdo.- Espero que por lo menos haya salido bien.-Asiente sonriente.

Se levanta y me tiende su mano. Me la estrecha con delicadeza y me ayuda a levantarme. Andamos por ese camino de nieve, en mitad del parque. Silencio. Intento pensar algo que decir, pero es inutil. Seguimos andando. Niños que juegan una pelea de bolas de nieve, otros hacen muñecos... y al final del parque ese banco. Ando un poco más deprisa, pero el se para.

-Patri, Lucia, Marta, Ángela y Katy.- Bajo la cabeza.

-Venga Lucia saca el permanente.
-Tachán tachán. ¡Aquí está!- Todas reimos. Marta coge el rotulador y comienza a escribir los nombres.
-Patri, la niña de papá- Se levanta y nos muestra ese último regalo que le ha hecho su padre. Un collar de oro blanco con una pequeña herradura de brillantes. "Para la buena suerte" Le había dicho su padre. Pobre hombre que cree en la buena suerte.- Lucia, la virgen.- No hace nada. Está sentada a mi lado y sonríe tímidamente. Siempre ella. Siempre tímida y callada. Quizás la que más confianza me inspira.- Marta, osea yo, la mmm... ¿guapa y elegante?- Se levanta y da una vuelta sobre sí. Se vuelve a sentar y escribe su nombre. La más atrevida de todas, la que sí sabe sacar su Marta rebelde. No estudia, pero pasa de curso. Se acuesta con todos los que le gustan y todavía no se ha quedado embarazada. ¿Una chica con precauciones? ¡Seguro que tiene arruinados a los de la pastilla del día después!- Ángela, la prometida.- Exacto, la única que tiene novio desde los doce años, siempre han estado juntos y en todo este tiempo nunca han tenido una pelea. Javi es perfecto para ella. Se complementan genial y sus intereses son los mismos. Ángela, la conformista y la idealista. ¿O sería mejor decir Ángela-Javi...?- Y por último Katy, la perfecta.- Sonrío y me levanto. Ando como si estuviera en una pasarela de modelos y vuelvo delante del banco. Doy una vuelta sobre mi misma y al volver a mirarlas les saco la lengua. No soy tan perfecta como ellas creen.

-¿Katy? ¡Estás empanada!
-Oh... perdón Pablo es que me he quedado pensando en una cosa y se me ha ido el santo al cielo.- Le sonrio.
-Venga vamos, te invito a un helado.- Frunzo el ceño.- ¡Es broma! ¿Mejor un chocolate caliente?
-Vamos.

A los pocos pasos de estar andando vuelvo a mirar hacia atrás. Mi banco. Mis tardes. Mis ilusiones. Mis risas. Mis lágrimas. Otra vez las malditas punzadas. Y si... aun que me cueste mucho decirlo... Mis amigas.
Suspiro y lo miro. Él hace lo mismo y me pasa su brazo por la cintura. Me pega a él y yo hago lo mismo. ¿Qué importa ya? Apoyo la cabeza en su hombro y seguimos andando. Nos paramos en aquella avenida llena de tráfico, gente y ruido. Semáforo rojo. No me gusta el rojo. Color intenso. Llamativo. Fogoso. Atrevido. Tan diferente a mi...De repente algo dentro de mi me dice que lo mire y cuando voy ha hablarle me hace un pequeño "ssh". No comprendo nada, solo sé que el ruido desaparece y vuelve a mi ese silencio tan común. Aunque este silencio es mas caluroso. Dulce. Simpático. Quizás algo atrevido, como aquel rojo del semáforo. Un escalofrío al notar como sus labios pierden el contacto con los mios. Abro los ojos. Sonríe. "Sssh".
Nos sentamos en la mesa que está junto a la ventana. Pedimos ese chocolate caliente que me había prometido y seguimos en silencio. Nuestras miradas se cruzan, y mis labios intentan hablarle, pero no me deja. Miro fuera. Dentro de un coche antiguo, herencia seguramente de aquel abuelo que murió hace tiempo, está aquel chico que juega con Diego a futbol y Mariela, la rubia tímida que va en tercero, aun que ahora que la veo mejor, no parece tan tímida. Se besan. Sus manos dentro de las camisetas se mueven rápido. Demasiado. Chocolate. Un sorbo. ¡Ah! ¡Mi lengua! Disimulo. Intento volver ha hablarle pero sigue sin dejarme. Desisto. Es imposible. Me deslizo por el asiento y me subo un poco más la bufanda. Me acomodo el gorro y guardo los guantes dentro del bolsillo. Lo miro. Mira la pantalla que tengo detrás. Un partido de tenis. Aburrido. Miro sus labios un poco manchados por el chocolate. Sonrio, pero de repente me pongo seria.

-¡Maldita sea! ¡Le has besado!- Katy rebelde.
-Ha sido fantástico- Sonrío. Tiene razón.
-¿Qué parte de Nueve Meses no entiendes?
-¡Cállate!
-¿Quieres que lo pase mal?
-¿Y entonces que hacemos?
-Olvidar que existe, pasar de el.
-Pero... es tan mono.
-¡Que mono ni que niño muerto! ¡Olvidadlo las dos!- Si, en mi cuerpo somos tres.
-Kat, quizás tenga razón...
-Si...-Susurro. Me mira. Vuelve a ponerse el dedo índice en los labios. Me levanto y voy hacia la barra. Pago los dos chocolates y salgo de la cafetería rápida. Sin decirle nada. Ando con pasos largos y firmes. Ellas tienen razón, no puedo hacerle esto, ya lo había pensado. ¿Por qué he dejado que llegara tan lejos?

-¡Katy! ¿Pero que te pasa? ¿Es por que no te dejaba hablar?- Corro. El también.
-¡Déjame!- Cruzo por la misma avenida donde me ha besado.
-¡Lo siento! Era para que no pudieras decir nada de...- Cruzo la calle sin mirar. Un coche pasa casi rozándome. Él se detiene.

Vuelvo al parque y dejo de correr. Simplemente ando normal. Miro hacia atrás. No viene. Haré todo lo que pueda para no verlo más fuera del instituto. Si, eso haré. No saldré mucho ni dejaré que me hable en las clases. Hecharé de menos jugar a las tres en raya con él. ¡Cállate! Me detengo. Está delante de mi. Me doy la vuelta y otra vez corro. Esta vez es más rápido que yo y se pone delante de mi cortandome el paso de nuevo.

-Era para que no pudieras decir nada de los nueve meses, ni de que iba a sufrir.- Intento esquivarle pero me coge por el brazo.- Katy, lo que dije aquella primera tarde fue por que no te conocía, pero ahora que lo he hecho...
-¡Sssh! Ahora cállate tú porfavor.- Le susurro.
-No Kat, no. ¡Escúchame! Me da igual sufrir, me da igual lo que pueda decir la gente, lo que pueda pasar...- Intenta abrazarme, pero pongo mis brazos por delante y le empujo un poco por el pecho. Casi sin fuerzas.- Quiero que estos nueve meses sean los mejores de tu vida, y si para eso tengo que sufrir toda la vida, te juro que lo haré.- Otra vez las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos y caigo derrotada por sus palabras. Me hundo en su pecho y me aferro con los brazos a su cintura. Me da un beso en la cabeza y me dice aquellas palabras tan difíciles para mi.- Te quiero

No hay comentarios:

Publicar un comentario