Estoy sentada en mi cama. Miro a mi alrededor. Simples cosas que antes me hacian feliz, o quizás no feliz. No, no es la palabra perfecta, me complacian durante un rato. Una televisión, un ordenador y algo que sobre sale de debajo del teclado del ordenador. Me levanto. Cojo ese folio y me siento en la silla. Es la letra de mi hermana. Antes de leer miro por la ventana. La nieve sigue inundándolo todo. Antes me molestaba, pero ahora no. Solo por pensar que no pasaré otro invierno más y que no volveré a ver la nieve realmente me gusta. Es preciosa, bonita, elegante. Vuelvo a mirar el folio.
" *Tienes razón, todo pasa por algo.
Mi querida hermanita pequeña:
Quien sabe cuando leas esto, a que hora o en qué lugar. No importa, aunque el tiempo para ti ahora es importante, da igual cuando lo leas, lo importante es que sepas lo que te quiero decir.
Fuiste la pequeña, la mimada por papá y mamá. Fuiste una pequeña flor que ha ido creciendo hasta convertirse en una mujer. Fuiste mi muro donde gritar cuando tenía que desahogarme, igual que fuiste ese hombro que me consoló cuando lloraba. Fuiste siempre la sonrisa que todos querían mirar, los ojos grises en los que cualquiera podría perderse, los labios que no gritaban, no decían nada malo y respondían con cuidado para no herir. Fuiste la esponja que absorvia los problemas de los demás y que nunca se ha descargado.
Te escribo esto tras pensar mucho en si te podrían herir mis palabras, en si sería justo escribirte esto, pero creo que es lo mejor.
Ahora quiero que todo sea al revés, que tu llores en mi hombro, te desahoges gritandome si así te vas a sentir mejor. Quiero que sonrías pero no para los demás, sonrie para ti y sobre todo, pequeña mia, libérate. Es tu oportunidad. Debes dejar salir ese tú del que me has hablado tantas veces, ese tú rebelde, ese tú que quiere gritarles a todos el daño que le hacen, Pequeña, no te ocultes más, no seas la esponja de siempre, deja que se vacie poco a poco, deja que tus días sean como quieres, como esperas, no te hundas, no estás sola, estoy contigo.
Y aunque ahora se que no puedes pensar en eso, cuando te sumerjas en tu mundo ¡PIÉNSALO! Te darás cuenta de que mis palabras son ciertas y que debes darle una vuelta al mundo y ponerlo de tu modo.
Sobretodo, Sonrie, no estás sola, Recuérdalo.
Anna."
Dejo el folio sobre la mesa y salgo al pasillo. No escucho nada, pero sé donde está ella. Entro en su habitación y la veo allí con un libro de Biología entre sus manos. Ella sí está sumerjida en su mundo, ni si quiera se ha dado cuenta de que he entrado. Baja el libro. Me mira sin ninguna expresión en la cara. Sus ojos están cansados, tiene ojeras. Sus labios no tienen color y en su cuello se nota que ha adelgazado. No me habla. Yo tampoco a ella. La cojo de la mano y la hago levantarse. Caminamos hacia el pasillo otra vez. Entramos en la habitación de Diego. Simplemente mira por la ventana, aunque tiene la pantalla del ordenador encendida. Se da la vuelta y nos mira. Tampoco dice nada. Desde fuera la situación sería siniestra, pero ninguno necesita hablar. Salimos al jardín. Hace frío. De repente deja de nevar. ¿Ha sido casualidad?
-¡Aaaaaaah!- Diego me coje por la cintura, me sube en su hombro y comienza a correr por el jardín.- ¡Anna!- La veo sonreir.
-¡No vale! ¡Ella es la pequeña! ¡Puedes con ella!- Sonreimos. Reimos. Se escuchan carcajadas.
-¡También puedo contigo!- La coje por el brazo y comienzan a correr.
Y mientras nos tiramos bolas de nieve, y nos revolcamos por ese frío, me olvido de todo. Nada de nueve meses, nada de problemas, de chicos que dicen cosas sin pensar, de chicas que ni si quiera dicen nada. Sonrisas. Ella, sonrie. Por momentos creo que esas ojeras de debajo de sus ojos han desaparecido. No están cansados. Él, sonríe. Sus ojos expresan cariño, no están frustrados, ni necesitan ocultarse tras esa capa roja. Y mis ojos, no sé que expresan, pero lo que sí tengo claro es que Anna tiene razón. Voy a sonreir. Por ellos, por ellas, por mi. Por Katy.
domingo, 17 de enero de 2010
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