jueves, 21 de enero de 2010

Cap. 7

¡No Katy! ¡Déjale! ¡Apártate de él! ¡Déjale que sea feliz! Comienzo a sentir como las piernas me tiemblan, como se vuelven débiles, como mi pecho no siente la presión de otras veces. Intento mirarle a la cara pero me tiene abrazada con fuerza. Intento hablarle, pero no puedo, no me salen las palabras. ¡Grita! No puedo hacer nada. Cada vez me encuentro más debil, más lejana de sus brazos. ¿Qué me está pasando?

-¡Katy! ¡Hey¡ ¿Pero que te pasa?- Me abraza a un más fuerte. Siento como mis pies se despegan del suelo y la cabeza empieza a irse de un lado para otro. Noto como su respiración da en mi oreja y sus pequeños susurros son tranquilizadores.- Venga ya está. Mírame. ¿Estás bien?
-Si.- Me ha llevado hasta un banco y me ha acostado en él. Está arrodillado en la nieve y me mira preocupado. No me gusta como me mira. Está muy serio.- Es normal que me pase esto. Cada vez estaré mas debil.
-Con estos días de frío es mejor que no salgas de casa.- Está tiritando. Me levanto. Se sienta a mi lado y me rodea con su brazo por encima de mis hombros. Hace que me apoye en su hombro y que cierre los ojos. Me acaricia el pelo mientras comienza a contarme una especie de historia inventada por él:

-¿Conoces a una chica que se llama Arrada?
-No.- Sonrío.
-Es feo ¿Verdad?- Asiento sin contestarle.- Mmm... ¿Lourdes?
-Es mejor que Arrada.
-Pues esta historia, es la historia de Lourdes. Era una chica normal, como cualquier otra, con los problemas típicos de la edad. Lo que más llamaba la atención de la gente, de ella, era su pelo rubio. Un rubio que casi parecía blanco. Era simpática, amable... pero tenía un secreto. Nadie entendía por qué nunca salía de casa. Nunca se la veía por la calle. Solo en el instituto.- Cambió el tono de voz.- Si quierías verla, tenías que ir al instituto.
-¿Y por qué no salía?
-Tenía miedo.
-¿De qué?
-De que a su pelo rubio le pasara algo.
-¿Y esta historia? ¿Por qué?
-Tú eres mi pelo rubio.
-Sigo sin entender mucho la historia.- ¿De qué me estaba hablando?
-No quiero que te pase nada. Tengo miedo de que cuando estés sola, dando un simple paseo te pase algo como lo de ahora.
-¿Pretendes que no salga?
-Pretendo que estés bien.
-Sin salir.
-Llevando cuidado
-¿Cómo?
-Estando siempre acompañada.
-¿Me compro un perro?- ¡Já! ¡Mi Querido husky! Me separa un poco de él y hace que le mire.
-Quiero estar siempre contigo.
-Siempre es muy poco tiempo... ya lo sabes.- Agacho la cabeza y me apoyo en su pecho.
-Kat...
-¿Sí?
-Moriré contigo.- Me quedo allí sentada. Sin decir nada. No muevo ni una sola célula de mi cuerpo e incluso deseo que el viento no mueva mi pelo. ¿Qué morirá conmigo? ¡LOCO! Pero, ¿Por qué me hace esto? ¿Que intenta?- El silencio es una buena respuesta. Nos saca siempre de todos los apuros y contesta lo que el otro quiere escuchar.
-Pablo, ¿Qué coño estás diciendo? ¡No quiero que mueras! ¡Y mucho menos conmigo! - Me levanto.- ¡Estás loco! Creo que es mejor que dejemos de vernos, de hablarnos. No te sientes más a mi lado en clase.
-Pero...
-¡No!- Ando. Ando otra vez por la nieve. No miro hacia atrás. No. Todo esto tiene que ser una broma de mal gusto. Todo esto no puede ser real. Estoy en un sueño. Voy a despertarme justo ahora. Tengo que despertarme. Por favor. Me detengo delante de aquellas escaleras. Unas escaleras que llegan a un sótano abandonado, cerrado desde hace bastantes años. Y por si no fuera suficiente las últimas palabras de Pablo ahora también lo son las de mi hermano, que aunque ahora está en silencio mientras se traga el humo de aquel cigarro verdoso y mal oliente, dentro de mi lo oigo como me grita que tambien quiere morir.
-¡Katy!
-¡¿Qué haces?!- Le grito desde arriba. Todos sus amigos me miran. Él también.
-¡Maldita sea!- Tira el porro y sube las escaleras corriendo. Tiene los ojos rojos. No solo ha fumado ese porro, seguro se ha metido algo más.- ¡¿Qué haces aquí?!- Grita.
-¡No me grites! ¡Ni si quiera tienes derecho ha gritarme!
-¡Hago lo que me sale de los huevos!- ¿Este es mi hermano? Un escalofrío me pasa por la espalda y un impulso hace que le suelte un bofetón en toda la cara. En ese mismo momento se vuelve contra mi y me pega un puñetazo en el labio que hace que caiga al suelo.

Sin control me propina dos patadas en las costillas mientras escucho las pisadas de sus amigos subiendo por las escaleras y cogiéndole. Le gritan. Uno de ellos se acerca a mi y me toca la frente. También tiene los ojos rojos pero está calmado. Me dice algo pero no llego a escucharle. En mis oidos retumba un sonido profundo y alarmante. Un sonido parecido a los latidos del corazón. Se repite, se repite y cada vez es mas fuerte. Tengo la mano sobre el lado izquierdo de mi costado y me aprieto haciendo que esas punzadas de dolor desaparezcan por segundos. Me encuentro allí tirada en el suelo, sangrando por mi labio partido y con dos costillas rotas. ¿Qué sentido tiene seguir aquí?

"El mundo gira... y no puedes detenerlo.
Inténtalo... morirás en el intento
y tu mundo si dejará de girar."
Mary Morgan

1 comentario:

  1. Lo había leído en tuenti, pero me gusta más comentar aquí.=)
    Está genial.!
    Estoy deseando saber que es lo que le ocurre a la pobre Kat.=D

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